El Hermano Religioso

Todos los Frailes de la Renovación son llamados ser “frailes menores,” es decir “hermanos menores,” siguiendo el ejemplo de San Francisco.  Dios llama a algunos de estos frailes para servir en el altar sagrado; estos son sacerdotes que viven su vocación sacerdotal como Frailes de la Renovación.  Otros frailes son llamados a vivir como hermanos religiosos, conocidos a veces como “hermanos laicos.”  Un hermano religioso es un fraile consagrado a Dios por los votos tradicionales de la pobreza, la castidad y la obediencia.  Su identidad se encuentra en esta consagración.  Por ser consagrado a Dios, al Padre de todos, él se hace un hermano a todos en el Cuerpo de Cristo.

Él es un testigo a la caridad.  Porque el Señor deseaba establecer la unidad entre los creyentes con la fundación de la caridad, este amor es el aliento de vivir como cristiano auténtico.  El hermano religioso se enfoca en vivir esta caridad fraternal.  Este amor fraternal es su vocación, y este es el mensaje que su vida predica, a veces en el silencio de acciones serviciales y a veces con palabras, animando a otros vivir con amor a Dios más profundo.

Él expresa su hermandad por muchas vías y obras apostólicas, de saludar a la gente en la calle o a los que vienen al convento o en ser “servidor” (superior) de un convento.   Él participa completamente en los apostolados de la comunidad: en el servicio personal a los más pobres y en obras de evangelización.

El hermano religioso es bendecido especialmente en poder servir a otros frailes en la comunidad por “mantener el fuego en el hogar.” Este énfasis en la vida de servir la fraternidad con humildad tal vez es la razón que la mayoría de santos franciscanos canonizados son hermanos religiosos.

La vida del hermano religioso es muy contemplativa, con un ritmo de trabajar y orar.  En la oración, el encuentra la fuerza, la sabiduría y la fundación para la vida apostólica.  Muchas veces los hermanos encuentran y sirven a Jesús en el “sacramento del momento,” es decir, en los eventos y personas ordinarios de cada día.

La observancia radical del santo evangelio es la meta de todos los hermanos franciscanos.  Es la razón para llevar la presencia de Dios y la Buena Noticia de Jesucristo a toda situación y a todos con quien se encuentra en las calles, en el convento, en el autobús, etc.  Solo por beber el agua viva de Dios en la contemplación él puede hacer esto.  “Quien hace la voluntad de mi padre es hermano, hermana y madre a mí.” (Mt 12:50)

“El mundo  necesita un nuevo sentido de hermandad y solidaridad humana.  Es un mundo que necesita ser tocado y sanado por la belleza y riqueza del amor de Dios.  Necesita testigos de ese amor.  Necesita que Ud. sea la sal de la tierra y la luz del mundo.”       -San Juan Pablo II en la misa del Dia de Joventud mundial, Toronto, July 28, 2002.